Adolescencia, pandemia y adversidad temprana: claves desde la neurobiología.

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La adolescencia: una segunda oportunidad para los niños y niñas que sufrieron adversidad temprana.


Andoni (1) tiene actualmente 17 años. Hace dos años fue detenido como cómplice de un robo y se le impuso el cumplimiento de una pena en un centro de reforma; pero las constantes fugas de ese centro y los incidentes violentos que protagonizó en el mismo hicieron que fuera trasladado a un centro cerrado de alta seguridad, donde permanecerá durante al menos un año más. 


Natural de un país del este, fue adoptado con tres años tras haber pasado ese tiempo internado en un orfanato donde sufrió una grave desatención con situaciones de abandono, abuso físico y abuso emocional. No se sabe mucho de sus padres biológicos; pero, por lo que les contaron a los padres adoptantes, su madre tenía probablemente rasgos antisociales de personalidad y era posible que bebiera alcohol cuando estaba embarazada de Andoni.

… resultaba asombroso que se adaptara con tanta facilidad a su nueva vida.


Teniendo en cuenta las circunstancias en las que creció durante sus primeros años, resultaba asombroso que se adaptara con tanta facilidad a su nueva vida. Durante los años siguientes su comportamiento fue bueno y no mostraba ningún signo de desregulación emocional ni del comportamiento; la relación con los compañeros y los profesores era buena y en casa se comportaba como un niño cariñoso y obediente. No les costaba ningún trabajo que hiciera sus tareas escolares; en clase estaba atento y no tenía ningún problema de aprendizaje. 

Lo que no esperaban es que, de un modo bastante rápido, aquel niño cariñoso, obediente y muy listo comenzara a reaccionar con una agresividad cada vez mayor.


Todo parecía ir bien hasta que llegó la pubertad. Sus padres adoptantes no eran ingenuos y tenían dos hijos en la fase final de la adolescencia; estaban al tanto de los cambios que se podían esperar en chicos y chicas cuando llegaban a la temida “edad del pavo”. Por eso no les alarmó que las emociones de Andoni se hicieran más volubles, ni que se redujera su tolerancia a la frustración. Lo que no esperaban es que, de un modo bastante rápido, aquel niño cariñoso, obediente y muy listo comenzara a reaccionar con una agresividad cada vez mayor, y empezara a incumplir las normas, a mentir con frecuencia y a cometer pequeños robos. Pronto se inició en el consumo de drogas y llegó a ”trapichear” para sacar algún dinero. Su comportamiento en los estudios también empeoró: todo le parecía un “rollo”, no prestaba atención durante las explicaciones, casi nunca hacía los deberes y le resultaba muy difícil estar sentado estudiando más de diez o quince minutos.


Es posible que algunos de los/las lectores/as de este post, bien sean familiares, profesionales o jóvenes afectados, hayan identificado los rasgos fundamentales de la historia de Andoni con los de alguna de las historias que han conocido: 


Una historia de abandono y maltrato durante los primeros años de vida.

Una evolución post-adoptiva o post-acogida sorprendentemente buena; con una respuesta muy favorable al cariño y los cuidados.

Un empeoramiento muy notable y rápido tras el inicio de la pubertad, en el que se observan los rasgos más o menos típicos de la crisis del adolescente, aunque mucho más intensos y difíciles de modificar.

…tiene lugar en áreas y núcleos cerebrales que han sido dañados por las experiencias traumáticas

Esta situación aparentemente inexplicable, que parece obedecer a la aparición de un trastorno mental o una psicopatía escondida, se puede entender si tenemos en cuenta los cambios que experimenta el sistema nervioso durante la adolescencia. Como veremos, el neurodesarrollo durante la adolescencia plantea grandes dificultades para los chicos y chicas que han sufrido maltrato durante los primeros años de vida porque tiene lugar en áreas y núcleos cerebrales que han sido dañados por las experiencias traumáticas. Todos estos cambios producen en los jóvenes alteraciones de la regulación emocional y del comportamiento graves y muy disruptivas, generando en quienes les rodean un estado de estupor, al que siguen una confrontación extenuante y finalmente la desmoralización y la desesperanza. 

los cambios cerebrales propios de la adolescencia están pidiendo, no una confrontación ni una pelea, sino una reactivación de la relación de apego


Contemplar estas modificaciones desde la perspectiva neurobiológica nos puede ayudar por tres razones. Primero, porque nos hace entender que no se trata de un trastorno mental ni de un defecto de la personalidad; sino una crisis evolutiva exagerada por el daño que produjo la adversidad temprana. Segundo, debemos entender que los cambios cerebrales propios de la adolescencia están pidiendo, no una confrontación ni una pelea, sino una reactivación de la relación de apego que guíe de nuevo el neurodesarrollo en la dirección adecuada. Y tercero, la revitalización del apego y el hecho de que el cerebro entre de nuevo en un periodo muy activo de proliferación y poda es un regalo de la naturaleza porque nos ofrece la posibilidad de reparar el daño que no pudimos corregir cuando el niño o niña afectados eran demasiado pequeños/as.

(1) El nombre no corresponde con una persona real; aunque los problemas que se describen los presentan muchos de los/las adolescentes que atiendo.

Artículo original: Adolescencia, pandemia y adversidad temprana: claves desde la neurobiología (II y final). por Rafael Benito Moraga, publicado en Buenos tratos

El humo del tabaco afecta a la genética del feto y del bebé

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Estar expuesto al humo en etapas tempranas se relaciona con una aceleración del envejecimiento biológico, según un reciente estudio en el que, por primera vez, se evalúan asociaciones entre un gran número de factores ambientales en la infancia temprana y la edad epigenética en población infantil.

La exposición al humo de tabaco durante el embarazo y la primera infancia se asocia con una aceleración del envejecimiento biológico, lo cual se relaciona a su vez con un mayor riesgo de enfermedades metabólicas, cardiovasculares o neurodegenerativas

A escala celular, el envejecimiento es un proceso continuo que comienza desde los primeros años de vida. Se puede medir gracias a relojes epigenéticos, que analizan los niveles de metilación del ADN en ciertas regiones de nuestro genoma para inferir la edad biológica de una persona.

“El reloj epigenético permite evaluar si la edad biológica de un individuo es mayor o menor que su edad cronológica”

El equipo de investigación encontró que la exposición al humo de tabaco proveniente de la madre durante el embarazo se asocia con una aceleración en el envejecimiento epigenético. En cuanto al exposoma postnatal, el análisis mostró asociación con dos exposiciones: el humo de tabaco de padres fumadores y niveles de hollín en el domicilio, un contaminante del aire que resulta de la combustión incompleta de carburantes.

Estas asociaciones no demuestran causalidad, pero se podrán establecer políticas de salud para reducir ciertas exposiciones ambientales y promover un “envejecimiento saludable” desde las primeras etapas de la vida

Las modificaciones epigenéticas podrían afectar vías implicadas en la inflamación, la eliminación de toxinas y el ciclo celular, con un impacto posterior en la salud.

Artículo original: Así afecta la exposición al humo del tabaco en las primeras etapas de la vida

Referencia: De Prado-Bert P, Ruiz-Arenas C, Vives-Usano M et al. The early-life exposome and epigenetic age acceleration in children. Environment International. June 2021

El estilo de apego influye en la expresión genética

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Hasta ahora sabíamos que la crianza afecta profundamente al desarrollo psicosocial de las criaturas.  Ahora, una nueva investigación ha mostrado que el impacto es también a nivel biológico, y que el estilo de crianza puede afectar la forma en que se expresan los genes de una criatura.  Estas modificaciones bioquímicas se pueden observar en bebés tan pequeños como de tres meses de edad, aunque también existen investigaciones anteriores que muestran el impacto de lo que sucede en el nacimiento y el posparto inmediato en el establecimiento del vínculo afectivo.

El estudio examinó cómo el estilo de apego entre bebés y niños pequeños y sus padres tiene implicaciones a nivel del ADN infantil, por lo que impacta profundamente en la salud y desarrollo cognitivo. El equipo de investigación demostró que los niños pequeños que formaron vínculos seguros tenían un perfil molecular diferente al de los niños pequeños que habían formado vínculos inseguros con sus padres. Un vínculo seguro significa -entre otras cosas- que las criaturas se sienten amadas y que sus padres son un refugio que les protege del estrés, además de una base segura para la exploración.  

Este estudio ilustra las posibles consecuencias biológicas de la adversidad temprana, pero también demuestra la capacidad de recuperación asociada con la maternidad y paternidad positiva

Según los investigadores, el vínculo entre la madre y el padre y sus criaturas se forma durante los primeros años de vida (en realidad, desde el nacimiento). y, una vez desarrollado, generalmente se mantiene hasta la edad adulta y durante toda su vida. Se estima que aproximadamente la mitad de los niños desarrollan vínculos seguros con sus padres. El resto pasará a formar una gama de “estilos” de apego inseguro, observados en bebés cuyos padres son retraídos o poco estimulantes, responden de manera intermitente o provocan miedo cuando su hijo busca consuelo, confort y seguridad.

El efecto epigenético del estilo de crianza

Luego, el equipo de investigación realizó un análisis retroactivo de muestras de sangre Los investigadores encontraron diferencias significativas en la metilación del ADN entre los niños que tenían un apego seguro en comparación con los que no lo estaban. Los cambios se observaron en lugares ADN ubicados en genes asociados con el sistema inmunológico y el desarrollo cognitivo.

Estas diferencias moleculares indican que la maternidad y paternidad positiva tiene beneficios potenciales sobre el sistema inmunológico general de un niño y su desarrollo cognitivo

Los investigadores planean continuar el seguimiento de los participantes del estudio para determinar si los cambios moleculares observados a los tres meses de edad permanecen en el tiempo. Esta hipótesis se basa en un trabajo anterior donde se concluyó que el simple hecho de sostener a los bebés temprano en la vida puede asociarse con patrones profundamente arraigados y potencialmente de por vida en el epigenoma.

Artículo original: Epigenética de la crianza: el estilo de apego influye a nivel molecular publicado por el  Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal

Estudio:

Associations of peripheral blood DNA methylation and estimated monocyte proportion differences during infancy with toddler attachment style

El “rincón de la paz”: un recurso valioso para la autorregulación en el aula

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Hay muchas razones por las que nuestros estudiantes pueden necesitar tiempo a solas para manejar sus sentimientos en la escuela. El uso de un rincón de la paz puede transformar el ambiente del aula.

Muchas veces estar en un contexto de grupo es abrumador para el sistema nervioso de nuestros estudiantes, especialmente dada la cantidad de tiempo que los niños pasan en la escuela.

El rincón de la paz es un espacio poderoso y conmovedor en el aula que apoya la autorregulación.

Es privado. Está estructurado. Incluye la elección. Es un experimento. Es atractivo. Es un movimiento hacia la independencia sobre la esterilla (o el escritorio o sobre la alfombra) y, en última instancia, en la vida cotidiana.

Se llama el “rincón de la paz” porque hay algo pacífico en simplemente poder experimentar nuestros sentimientos y cuidar de nosotros mismos de la manera que nos es más adecuada.

Algo se desencadena en ellos y, con otros mirando, la percepción resultante es abrumadora.

Estar en un contexto de un gran grupo puede provocar una sensación de sobreestimulación.

Incluso como adultos, 5-10 minutos de tiempo tranquilo y a solas pueden hacer maravillas para nuestro nivel de participación en una experiencia grupal.

Esta privacidad también permite a los estudiantes desarrollar actitudes y recursos. Descubro que rara vez les tengo que pedir a los estudiantes que vayan al rincón de la paz. Basta con sugerirlo con delicadeza.

Parece que así los estudiantes inician la experiencia de la autorregulación.

En su mayoría, los estudiantes muestran el signo de paz y yo respondo con una señal no verbal para que el estudiante abandone el grupo y vaya al rincón de la paz.

Esta comunicación privada es sobre todo para que yo sea consciente de lo que está sucediendo en el aula y para informar de que no interrumpan al resto de la clase, más que una solicitud de permiso en sí.

Rara vez digo que no cuando los estudiantes me muestran la señal. También les pido a los alumnos que muestren la señal de paz en su corazón para que no sea un anuncio a toda la clase, sino una comunicación entre nosotros.

Artículo original: The Peace Corner: An Essential Classroom Resource

La ecuación de Heckman

El Premio Nobel de Economía James J. Heckman llegó a la siguiente conclusión: la inversión en el desarrollo durante la primera infancia reduce déficits y fortalece la economía.

Aquellos países que buscan reducir los déficits y fortalecer la economía deben realizar inversiones importantes en la educación durante la primera infancia. El trabajo pionero del profesor Heckman junto con un grupo de economistas, psicólogos, estadísticos y neurocientíficos muestra que el desarrollo durante la primera infancia influye directamente en la economía, la salud y las consecuencias sociales para los individuos y la sociedad.

el desarrollo durante la primera infancia influye directamente en la economía, la salud y las consecuencias sociales para los individuos y la sociedad.

Los entornos tempranos adversos generan déficits en las habilidades y capacidades que reducen la productividad e incrementan los costos sociales, lo que se suma a los déficits financieros que enfrentan los ciudadanos. El desarrollo durante la primera infancia conduce al éxito en la escuela y en la vida. Un momento fundamental para dar forma a la productividad comprende desde el nacimiento hasta los cinco años, cuando el cerebro se desarrolla rápidamente para construir las bases de las habilidades cognitivas y conductuales necesarias para alcanzar el éxito en la escuela, la salud, la profesión y la vida.

Un momento fundamental para dar forma a la productividad comprende desde el nacimiento hasta los cinco años, cuando el cerebro se desarrolla rápidamente

La educación durante la primera infancia fomenta las habilidades cognitivas junto con la atención, la motivación, el autocontrol y la sociabilidad, que representan las habilidades conductuales que convierten el conocimiento en experiencia y a las personas en ciudadanos productivos. Invertir en la educación durante la primera infancia para niños en situación de riesgo es una estrategia efectiva para reducir los costos sociales. Todos los niños necesitan apoyo eficaz en la primera infancia, y los niños en situación de riesgo provenientes de entornos carenciados tienen menos posibilidades de conseguirlo.

Invertir en la educación durante la primera infancia para niños en situación de riesgo es una estrategia efectiva para reducir los costos sociales.

Estos niños vienen de familias que carecen de los recursos educativos, sociales y económicos necesarios para estimular el desarrollo temprano que es tan útil para tener éxito en la escuela, la universidad, la profesión y la vida. Se pueden abordar los problemas de mala salud, las tasas de deserción escolar, la pobreza y la delincuencia y reducir sustancialmente los costos que deben pagar los contribuyentes mediante la inversión en oportunidades de desarrollo para niños en situación de riesgo.

Se pueden abordar los problemas de mala salud, las tasas de deserción escolar, la pobreza y la delincuencia

Invertir en la educación durante la primera infancia es una estrategia rentable para el impulso del crecimiento económico. Nuestro futuro económico depende de la provisión de las herramientas necesarias para el desarrollo social y para la creación de una fuerza laboral altamente educada y capacitada.

Artículo original: La ecuación de Heckman

Saber más: Invest in Early Childhood Development: Reduce Deficits, Strengthen the Economy

“Hay miedo callado en padres, sufren agresiones de sus hijos…”

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Fuente: La Vanguardia

Testimonio de María Barceló, socia fundadora de Afatrac y tutora de niños adoptados.

Tengo 63 años. Nací en Ribes de Freser y vivo en Sabadell. Fui monja seglar (de los 21 a los 53 años).

Estoy soltera y hoy ejerzo de madre con Marta (30), Pau (22) y Jordi (22), hijos de mi hermano y mi cuñada, fallecidos. ¿Política? Soy independentista. ¿Religión? Soy cristiana.

¿Monja?

Sentí vocación religiosa con 21 años e ingresé en el convento de Bose, Italia. Mi madre lloraba. No estaba conforme. No me visitó en años, hasta que lo asumió.

¿Cómo era su vida allí?

Sencilla. Vivíamos de nuestro trabajo. Yo llevaba tesorería, huerto, cocina… Hacíamos y vendíamos cerámica.

¿Era feliz?

Sí.

¿Durante cuántos años?

Estuve allí 30 años.

¿Qué más familia dejó aquí?

Cuatro hermanos: uno, Josep, se casó con Berta y nació Marta. Y quisieron ayudar a más niños: adoptaron. Era la moda.

Y un noble sentimiento.

Muy erróneo. Y peligroso.

¿Por qué dice eso?

Desarraigas a niños de su origen, su tierra.

¿Dónde adoptaron?

Colombia. Dos hermanitos. Uno y dos añitos. Jordi y Pau, les llamaron.

¿Y eso es peligroso, dice?

Yo lo desaconsejo. No lo hagáis. Apartas a la criatura de sus orígenes, violencia que trae consecuencias.

¡Era muy pequeños!

Deberían haberse quedado y ayudarles allí. No sabes cómo evolucionarán aquí.

¿Y cómo evolucionaron aquí?

A los diez años, Jordi era un niño violento. Acosaba o pegaba a otros niños en el cole, rompía la tele en casa…

¿Le llevaron al psicólogo?

Un poco gamberro, diagnosticó. ¡Y no!

¿No?

Padece un trastorno mental. Son enfermos invisibles: nadie se hace cargo.

Sus padres sí.

Se desesperan, nadie les ayuda… y colapsan. Mi hermano Josep murió de infarto.

Lo lamento mucho.

Mi cuñada Berta quedó con tres niños.

Duro.

Jordi y Pau nacieron de una adolescente alcoholizada: no descarto en ellos un síndrome alcohólico fetal…

Vaya.

Inconstantes, se concentran poco, brotes agresivos… Una noche me llamó Berta, desde Barcelona, al convento… “Si me pasa algo, cuídate de mis hijos, por favor”.

Un poco alarmista…

Algo presintió, porque Berta moría esa misma madrugada, también de infarto.

Tremendo.

Tuve que abandonar mi convento para venirme y cumplir mi promesa.

Hacerse cargo de Marta, de Jordi y de Pau, sus sobrinos.

En su casa no había ni una puerta entera: rotas a puñetazos, patadas… Supe que Jordi había pegado a su madre, arrastrado por los pelos a su hermana…

Qué infierno.

Con doce añitos. Jordi amenazó con cortarse el brazo si una chica no se desnudaba para él… Y el de Jordi no es un caso único. Y por eso fundamos la asociación Afatrac: ¡somos ya 260 familias catalanas!

¿Con qué fines?

Compartir experiencias y presionar a las administraciones para que la sanidad pública nos ayude. Hay miedo en padres, sufren agresiones de hijos… O se suicidan.

¿Y Jordi, cómo está hoy?

Con una escoba me defendí de un ataque suyo en el que me hirió en casa con un cuchillo de cocina. Ahí ya le denuncié.

No debe de ser fácil hacer eso.

Hay que hacerlo. Y visibilizar el problema. Luego le pagué un centro privado… y salió peor: lo aprendió todo de drogas.

¿Puede un día causar daño irreparable?

Un día me ató a una silla, me pegó… Ha pasado ya por jueces. Hoy está en el centro de enfermos mentales de Sant Boi. Yo le llamo cada día, le llevo la ropa…

Usted merece un monumento, Maria.

Pero Jordi tiene ahora 20 años, y no quiero que quede así para siempre, y que sea un lastre para sus hermanos…

¿Qué cree que debería hacerse?

Terapia psicosocial desde la sanidad pública. Equipos transversales de psicólogos, psiquiatras, peritos forenses, expertos en vivienda, trabajo y educación… que asesoren a fiscales y jueces.

Espero que en Sanidad lean esto.

Hay ahora un plan de abordaje integral de casos de salud mental y adicciones de alta complejidad: ¡es mi esperanza, y ojalá esta entrevista ayude algo!

Conocerá muchos otros casos…

Han condenado a un chico a diez años de alejamiento, por haber provocado un incendio en casa de la madre que le adoptó, y ella está sufriendo horrores…

¿Y usted, Maria, cómo está?

Me ha tocado esta vida. Me adapto. Quiero mantener viva la posibilidad de amar.

Artículo original: “Hay miedo callado en padres, sufren agresiones de sus hijos… ” La Vanguardia, 28/7/2021

Las consecuencias de por vida de la Adversidad Temprana y del estrés tóxico

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Los avances en una amplia gama de campos interdisciplinarios, incluyendo la neurociencia del desarrollo, la biología molecular, la genómica, la epigenética, la psicología del desarrollo, la epidemiología y la economía, están convergiendo en una ciencia básica integrada de la Pediatría.

Arraigado en una comprensión más profunda de cómo la arquitectura del cerebro está formada por los efectos interactivos de la predisposición genética y la influencia ambiental, y cómo su circuitería en desarrollo afecta de por vida aprendizaje, comportamiento y salud, los avances en las ciencias biológicas subrayan la importancia fundamental de los primeros años y apoyan un marco de Desarrollo Ecobiológico para comprender la evolución de la salud humana y la enfermedad a lo largo de la vida.

La biología de la adversidad de la primera infancia revela el importante papel del estrés tóxico en la interrupción de la arquitectura cerebral en desarrollo

La biología de la adversidad de la primera infancia revela el importante papel del estrés tóxico en la interrupción de la arquitectura cerebral en desarrollo y afectando negativamente el desarrollo simultáneo de otros sistemas de órganos y funciones reguladoras.

El estrés tóxico puede conducir a cambios potencialmente permanentes en el aprendizaje (habilidades lingüísticas, cognitivas y socioemocionales), el comportamiento (respuestas adaptativas versus inadaptables a la adversidad futura) y la fisiología (una respuesta de estrés desajustada o activada crónicamente) y puede causar interrupciones fisiológicas que resultan en niveles más altos de enfermedades crónicas relacionadas con el estrés y aumentan la prevalencia de estilos de vida poco saludables que conducen a disparidades de salud cada vez mayores.

las intervenciones efectivas en la primera infancia brindan oportunidades críticas para prevenir estos resultados indeseables

El coste de por vida del estrés tóxico infantil es enorme, como se manifiesta en los impactos adversos en el aprendizaje, el comportamiento y la salud, y las intervenciones efectivas en la primera infancia brindan oportunidades críticas para prevenir estos resultados indeseables y generar grandes retornos económicos para toda la sociedad.

Las consecuencias de una adversidad significativa en las primeras horas de la vida suscitan un llamamiento urgente a favor de estrategias innovadoras para reducir el estrés tóxico en el contexto de un sistema coordinado de políticas y servicios guiados por una ciencia integrada de la primera infancia y el desarrollo temprano del cerebro.

Un marco de Desarrollo Ecobiológico, basado en una ciencia básica integrada, proporciona una teoría clara del cambio para ayudar a los líderes en políticas y prácticas a elaborar nuevas soluciones a los desafíos de las disparidades sociales en salud, aprendizaje y comportamiento.

La Pediatría proporciona una plataforma poderosa pero subutilizada para traducir los avances científicos en políticas innovadoras

La Pediatría proporciona una plataforma poderosa pero subutilizada para traducir los avances científicos en políticas innovadoras para la primera infancia, y los pediatras en ejercicio están en una posición ideal para participar “sobre el terreno” en el diseño, las pruebas y el perfeccionamiento de nuevos modelos de prevención de enfermedades, promoción de la salud y mejora del desarrollo a partir de los primeros años de vida.

Artículo original: The Lifelong Effects of Early Childhood Adversity and Toxic Stress

Saber más: Paediatric Environmental Health Speciality Unit Murcia

Adversidad temprana y salud mental perinatal: romper el bucle.

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El estrés, la ansiedad y la depresión materna afectan a la respuesta emocional y fisiológica del bebé.

El vínculo madre-bebé es el marco estructural bidireccional donde se consolida la relación afectiva entre ambos: tiene que garantizar las necesidades del bebé (nutrición, calor, seguridad física, afecto) para un buen desarrollo posterior, tanto cognitivo como social y afectivo. Los bebés son muy sensibles a los estímulos ambientales durante la etapa neonatal, pues de su capacidad adaptativa a este entorno dependerá su supervivencia.

Sabemos que una respuesta materna limitada frente a las necesidades del bebé está relacionada con alteraciones en el establecimiento de un vínculo saludable. Según estudios recientes, hasta un 25% de las mujeres atendidas en servicios de salud durante la etapa perinatal pueden presentar alguna alteración de la relación del vínculo, lo cual sugiere que una parte considerable de los bebés de madres con patología mental no dispondrán de las condiciones óptimas para un adecuado desarrollo psicológico ulterior.

Otros efectos del estrés materno son la restricción del crecimiento, hiperactividad motriz intraútero o un aumento del riesgo de prematuridad

Además del perjuicio ocasionado por los factores propios de la relación entre la madre y el bebé, otros efectos nocivos psicobiológicos se han evidenciado producidos por el estrés materno sobre el desarrollo del feto, como la restricción del crecimiento, hiperactividad motriz intraútero o un aumento del riesgo de prematuridad. Estos efectos se han hallado no únicamente en madres con depresión antenatal sino también en madres con ansiedad o anorexia nerviosa.

También se ha observado en el bebé recién nacido una peor respuesta de su sistema inmunitario, peores habilidades perceptivas, menor capacidad de respuesta a los estímulos sociales, peor calidad de la atención, un procesamiento de la información más lento y tasas más altas de retraso en su desarrollo.

Estos daños vienen mediados en buena parte por el efecto de un exceso del cortisol liberado por la madre, que ha traspasado la barrera placentaria y que corre por el torrente sanguíneo del feto, aumentando el riesgo de inflamación de los tejidos -incluido el cerebro- y reduciendo el aporte y distribución de nutrientes y de oxígeno a causa de la estenosis de la arteria uterina.

Se eleva el riesgo para las complicaciones obstétricas y el bajo peso y, consecuentemente, para los problemas de salud en la edad adulta.

Así, se eleva el riesgo para las complicaciones obstétricas y el bajo peso y, consecuentemente, para los problemas de salud en la edad adulta, como la hipertensión, las cardiopatías, la diabetes, la depresión y otros problemas de salud mental. Los bebés hijos de madres con depresión presentan un riesgo aumentado, respecto a los bebés de madres sanas, de presentar algunos problemas de desarrollo a los 18 meses de edad: el riesgo de alteraciones en el desarrollo motor aumenta si la depresión materna es crónica respecto a si es breve o episódica.

Paralelamente, también se ha evidenciado que la exposición a ansiedad y depresión prenatal y postnatal aumenta el riesgo no sólo de alteraciones emocionales a lo largo de toda la infancia, en forma de síntomas internalizados, desregulación emocional y síntomas externalizados, sino también de síntomas y conductas similares a los trastornos del espectro del autismo.

Los estudios de neuroimagen van en la misma línea y han encontrado alteraciones en la circuitería del sistema límbico y aumento de la reactividad de la amígdala a los estímulos negativos en los descendientes de 3 y de 6-9 años de madres con depresión o ansiedad antenatal.

Todas estas afectaciones del neurodesarrollo incrementarían las tasas de psicopatología infantil y adolescente, los problemas de aprendizaje y de rendimiento académico, lo cual redundaría en peores condiciones psicosociales y de salud a largo plazo.

Artículo original: Nuevo y urgente reto para las políticas sanitarias, la salud mental perinatal: romper el bucle Sara Lera Miguel y Susana Andrés Perpiñá

Adversidad temprana y rendimiento escolar

Autor de la imagen: El primo de Banksy




El trastorno de estrés postraumático complejo (CPTSD, por sus siglas en inglés) ocurre por la exposición continua y repetida a eventos traumáticos. A menudo, el CPTSD es el resultado de relaciones traumáticas tempranas con los cuidadores. En este artículo consideramos los efectos de las relaciones traumáticas tempranas en el aprendizaje.

Muchos niños con antecedentes de trauma tienen problemas para aprender en el aula y no se desempeñan tan bien como sus compañeros. La conexión entre el trauma interpersonal temprano y el aprendizaje es particularmente relevante cuando se considera la capacidad de mantener la atención y la concentración. A menudo, las relaciones traumáticas tempranas afectan más que la capacidad de regulación de las emociones. Las capacidades cognitivas también se ven profundamente afectadas, ya que la capacidad de enfocarse y concentrarse depende en gran medida de la regulación de las emociones.

Las relaciones tempranas tienen un impacto directo en el desarrollo cognitivo, social y emocional.

Las relaciones tempranas y el aprendizaje

Las relaciones tempranas tienen un impacto directo en el desarrollo cognitivo, social y emocional. Esto se debe a que un bebé / niño que se cría en un entorno seguro y de apoyo tiene una amplia oportunidad de exploración, así como la disponibilidad de la comodidad de un cuidador de confianza.

Una de las formas en que los bebés aprenden es a través del juego y la exploración de su entorno. Al pensar en esta etapa del desarrollo, es fundamental comprender que el sistema biológico de un bebé no es lo suficientemente maduro para calmarse en momentos de miedo o malestar. Es por eso por lo que los niños pequeños y los bebés buscan a un adulto de confianza cuando sienten miedo o incertidumbre. En una relación segura, abundan las oportunidades para la curiosidad y la exploración. Al mismo tiempo, el bebé está protegido de niveles de estrés poco saludables; cuando necesita consuelo, está disponible.

Los investigadores del apego llaman a este fenómeno una “base segura” en la que el cuidador anima al niño a acostarse, proporcionando seguridad y protección al bebé cuando sea necesario. El juego exploratorio junto con la protección proporcionan un entorno óptimo para el aprendizaje. Los investigadores han notado que los bebés traumatizados tienden a dedicar menos tiempo al juego exploratorio (Hoffman, Marvin, Cooper y Powell, 2006).

Un ejemplo

Imaginemos a un niño pequeño en un parque infantil. Tiene menos de un año y todavía no camina por su cuenta. Con mamá cerca puede explorar y aprender cómo su coche de juguete se mueve de manera diferente sobre la arena en comparación con el suelo de la cocina en casa. Está asimilando información importante sobre el mundo. Mientras juega vigila a mamá, asegurándose de que esté cerca. Si sucede algo que le cause miedo, tal vez un perro grande que se pasea por el patio de recreo, se desarrolla un escenario predecible. El niño comienza a llorar, le tiene miedo al perro. Mamá está aquí para ayudar. Coge a su bebé y calma su angustia, se aleja del animal y, relativamente pronto, el bebé vuelve a estar tranquilo.

En una relación traumática, es posible que la madre no reconozca que necesita ayudar a su hijo. Puede que no le tema a los perros y no comprenda la reacción del bebé. Puede decidir dejar que el bebé aprenda si el perro es seguro (o no) sin su ayuda. Quizás el perro muerda al niño o se le permite gritar frenéticamente mientras el animal grande y desconocido le investiga y, aún así, la mamá no reacciona de una manera tranquilizadora adecuada. Puede dejar que su hijo aprenda sobre perros sin involucrarse. Alternativamente, puede intensificar la situación con su propio miedo a los perros y asustar al niño aún más.

Cuando se requiere que un bebé maneje su propio estrés sin ayuda, no puede hacer nada más. Todas las energías están dedicadas a calmar el cerebro y el cuerpo de un estrés significativo.

En términos de desarrollo emocional y cognitivo, estos dos bebés se enfrentan a entornos internos y externos muy diferentes. Internamente, el sistema nervioso en desarrollo del bebé traumatizado está expuesto a estados elevados continuos de hormonas del estrés que circulan por el cerebro y el sistema nervioso en desarrollo. Dado que el bebé se queda solo para recuperarse de un evento traumático, se requieren todos sus recursos para volver a un estado de equilibrio. Investigadores en el campo de la neuropsicología han señalado que cuando se requiere que un bebé maneje su propio estrés sin ayuda, no puede hacer nada más (Schore, 2001). Todas las energías están dedicadas a calmar el cerebro y el cuerpo de un estrés significativo. En esta situación, se pierden valiosas oportunidades de aprendizaje social y cognitivo.

Es importante comprender que todos los padres en algún momento no logran calmar a su hijo cuando está angustiado. Los niños sanos no requieren una paternidad perfecta; es el trauma continuo crónico lo que es perjudicial para el desarrollo.

Para el niño traumatizado, el trabajo escolar puede considerarse irrelevante en un entorno que requiere atención dedicada a la protección física y emocional de sí mismo

Hipervigilancia: el impacto de las relaciones traumáticas tempranas en el aula

Los niños criados en hogares violentos o emocionalmente traumáticos a menudo desarrollan hipervigilancia a las señales ambientales. Más que una simple respuesta de “sentido común” a un ambiente abusivo, la hipervigilancia ocurre debido a la forma en que el sistema nervioso se ha organizado en respuesta al miedo y la ansiedad persistentes durante los primeros años de desarrollo (Creeden, 2004). La hipervigilancia a las señales emocionales de los demás es adaptativa cuando se vive en un entorno amenazante. Sin embargo, la hipervigilancia se vuelve desadaptativa en el aula e impide la capacidad del niño para prestar atención al trabajo escolar. Para el niño traumatizado, el trabajo escolar puede considerarse irrelevante en un entorno que requiere atención dedicada a la protección física y emocional de sí mismo (Creeden, 2004).

Un ejemplo

Imagínese un momento en el que estaba muy molesto o inseguro por su integridad física o emocional. Quizás una relación importante se ve amenazada después de una discusión particularmente acalorada y siente que no sabe cómo solucionarlo. Imagine que tuvo un encuentro violento con uno de sus padres o está lidiando con un abuso sexual en casa. Ahora imagínese en esta situación tratando de enfocar su atención en la conjugación de verbos, o en una división larga. Es probable que esto le resulte imposible.


¿Qué se puede hacer?

Es importante que comprendamos las raíces de las dificultades de aprendizaje y de comportamiento en el aula para poder abordarlas con terapia en lugar de recetar medicamentos (Streeck-Fischer y van der Kolk, 2000). Algunos niños que no pueden concentrarse en el aula pueden ser diagnosticados erróneamente y nunca se les ofrece la ayuda que necesitan.

Los niños mayores también necesitan sentirse seguros en el aula y cuando trabajan con adultos, como maestros y otros profesionales.

Hay formas efectivas de ayudar a los niños con traumas pasados en sus entornos de aprendizaje. Los adultos deben comprender que para un niño traumatizado, las conductas desafiantes tienen su origen en un estrés extremo, la incapacidad para manejar las emociones y las habilidades inadecuadas para resolver problemas (Henry et al, 2007). En estas circunstancias, es probable que el niño responda de manera más positiva a un entorno de aprendizaje no amenazante. Los niños con historias traumáticas necesitan oportunidades para generar confianza y practicar enfocando su atención en el aprendizaje en lugar de la supervivencia. Un entorno de apoyo permitirá una exploración segura del entorno físico y emocional. Esta estrategia se aplica a niños de distintas edades. Los niños mayores también necesitan sentirse seguros en el aula y cuando trabajan con adultos, como maestros y otros profesionales. Los maestros frustrados pueden creer que los niños con comportamientos desafiantes no tienen remedio y que simplemente no están interesados en aprender. El maestro puede insultar al niño, responder con sarcasmo o simplemente renunciar al niño. Es posible que los maestros no protejan al niño de las burlas o el ridículo de sus compañeros. De esta manera, el maestro también está contribuyendo al entorno amenazador que el niño espera.

Se requiere un cambio en la comprensión de los maestros y otros profesionales que trabajan con niños traumatizados en el aula

Nueva comprensión, nuevas oportunidades

Se requiere un cambio en la comprensión de los maestros y otros profesionales que trabajan con niños traumatizados en el aula. Los entornos de apoyo pueden darles a estos niños la oportunidad de modificar su comportamiento y desarrollar habilidades de afrontamiento. Es de esperar que este cambio en la percepción de los adultos de por qué el niño no puede concentrarse en el trabajo escolar conducirá a un cambio de actitud.
Aún más importante, los niños con trauma en su historia temprana necesitan terapia y apoyo. Con la comprensión y la intervención terapéutica adecuada, estos niños tendrán muchas más posibilidades de curar traumas pasados y desarrollar la capacidad de concentrarse, aprender en el aula y responder de manera diferente a situaciones desafiantes.

Artículo original: Complex PTSD: Trauma, Learning, and Behavior in the Classroom

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El maltrato infantil prenatal. Regulación legal.

El gabinete jurídico Andrey Ferrero Abogados efectúa en este artículo una profunda reflexión sobre la situación actual de la legislación sobre diversos aspectos de la adversidad temprana del nasciturus.

El llamado “maltrato infantil prenatal” implica la falta de cuidado del propio cuerpo, malos hábitos y/o comportamientos tóxicos por parte de la propia gestante durante el embarazo, de forma consciente o insconsciente, que comprometen la salud del feto y tienen consecuencias perjudiciales posteriores para el recién nacido. También puede darse “maltrato prenatal” de forma indirecta, al referirse a situaciones de maltrato a la mujer embarazada. Cabe señalar una ley catalana del año 2010, la Ley de los derechos y oportunidades en la infancia y adolescencia, que equipara el maltrato prenatal con una situación de desamparo.

Estas situaciones, por más que dramáticas, se muestran como una realidad innegable para los ginecólogos durante el seguimiento de los embarazos y para los pediatras, que asisten posteriomente a esos niños que se ven obligados a sufrir (en ocasiones de por vida) las consecuencias de esos hábitos tóxicos por parte de sus madres.

A pesar de que estrictamente no se considere al feto en gestación como sujeto dotado de “personalidad” a efectos jurídicos, el llamado nasciturus, término con el que los juristas lo denominan, puede ser titular de una herencia e incluso recibir donaciones ¿No es lógico, en consecuencia, que tenga derecho a una protección de su vida, de su salud?

Si nos detenemos también en el Código Penal parece que la respuesta es claramente afirmativa, puesto que en él se recoge un delito de lesiones al feto para castigar aquellas conductas contrarias a la integridad física (o psíquica) de un ser humano durante su gestación. Concretamente las penas previstas son las siguientes:

  • Pena de prisión de uno a cuatro años e inhabilitación especial para ejercer profesiones sanitarias de dos a ocho años, en caso de causar, intencionadamente, lesiones al feto que perjudiquen gravemente su normal desarrollo o provoquen una tara grave, de índole física o psíquica.
  • Pena de prisión de tres a cinco meses o multa de seis a diez meses si los hechos anteriores se cometen con imprudencia grave. Si hablamos de una negligencia sanitaria sería susceptible añadirse una pena de inhabilitación profesional.

El Código Penal excluye expresamente responsabilidad alguna para la embarazada en el caso de las lesiones al feto por imprudencia

Una vez dicho esto, nos encontramos con el primer problema en relación al tema que hemos planteado: la gestante puede enfrentarse a una pena de prisión de uno a cuatro años si causa intencionadamente lesiones al feto, pero ¡ojo! El Código Penal excluye expresamente responsabilidad alguna para la embarazada en el caso de las lesiones al feto por imprudencia. Cuando decimos imprudencia está claro que queda incluida también la mera ignorancia por parte de la madre de estar causando daño al feto, dejando fuera por ejemplo casos de control inadecuado o insuficiente del embarazo, exceso de trabajo corporal o ingesta de fármacos que puedan ser perjudiciales para el feto pero sean ingeridos por la gestante por un mero desconocimiento de las consecuencias.

¿Podemos entender que existe una voluntad deliberada de la madre para causar daño al feto o se queda en la mera imprudencia, por más que tenga carácter grave?

Esta regulación penal puede llevarnos a plantearnos varias dudas. ¿Dónde queda, por ejemplo, un consumo excesivo de alcohol durante la gestación? Sus efectos perjudiciales en el feto, desde el llamado Síndrome Alcohólico Fetal hasta malformaciones faciales o retrasos del crecimiento, son conocidos por todos, en mayor o menor medida. En una situación de alcoholismo o dependencia cabe preguntarse ¿Podemos entender que existe una voluntad deliberada de la madre para causar daño al feto o se queda en la mera imprudencia, por más que tenga carácter grave?

En una situación de maltrato prenatal o desamparo cabe solicitar la intervención del Ministerio Fiscal o auxilio judicial

Al margen de este debate, quizás más ético que jurídico, que dejo en el aire, cabe señalar por último la posibilidad de una actuación administrativa para hacer frente a este tipo de situaciones en las que, sobre todo por los profesionales del ámbito sanitario, se evidencie un riesgo (actual o futuro) para el feto. En una situación de maltrato prenatal o desamparo, como decíamos al principio, cabe solicitar la intervención del Ministerio Fiscal o auxilio judicial que, una vez acreditada la realidad de la situación de desamparo y el riesgo, intentarán tomar medidas para frenarla o, al menos, paliar los efectos nocivos para el futuro recién nacido. Ahora bien, no obstante esta afirmación, la posibilidad tiene, como regla general, poco impacto en la práctica (o quizás sería más oportuno decir que “menos del que debería”). Como ejemplo, en caso de consumo de drogas tóxicas por parte de la madre puede haber una actuación administrativa para forzar su ingreso en un centro de desintoxicación pero, salvo en casos muy muy graves, de carácter muy excepcional, la gestante va a seguir teniendo la última palabra. Si se niega, el juez como regla general no podrá obligarla. ¿Qué queda entonces? Está la posibilidad de retirar la custodia del menor a la madre una vez que nazca, algo lleno de matices y que, dada la protección de la familia, debe ser la última medida a adoptar. Aun así ¿Realmente esa es la solución?

…cuestionándonos si se proporciona a las gestantes una información adecuada y suficiente encaminada a la prevención de estas situaciones. 

A mi entender la forma actual de afrontar una cuestión tan importante como es la protección de los derechos de los futuros recién nacidos parece, cuanto menos, insuficiente. Y no solo en términos estrictamente legales sino también sociales, cuestionándonos si se proporciona a las gestantes una información adecuada y suficiente encaminada a la prevención de estas situaciones. 

Artículo original: Andrey Ferrero Abogados

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